Filosofía

La utopía

La utopía sí existe, pero también existe el ser humano quien es quien imposibilita tal estructura dentro de este mundo. Mediante su mediocridad y su trance antimental, es que los individuos despliegan las herramientas suficientes como para adormecer los estados de ánimo de las masas en general, las que se comunican telepáticamente. Es así como cobra sentido el sinsentido y el incesto antinatural despeja al subconsciente para que haga de las suyas, en este mundo, un mundo que nunca debería pertenecer al superyó. 

El consciente, si es que se le puede considerar consciente, es mejor dicho consistente como receptor de la falsedad que comunican los planos invisibles de comunicación, incluida la Internet. La ruta comunicativa entonces, significa un sendero poco probable de que exista, y si contamos lo que acarrean esos caudales, que como los ríos, solamente proyectan lo plástico de las mentalidades humanas convertidas finalmente en los supuestos dimes y diretes, encontramos entonces que la psicología social tiene mucho que proteger a su madre hijos. 

La utopía aparece o no existe dentro de los derroteros de la vida psíquica social, sí o no, por lo que lo utópico suena a moralejas, a cuentos, fantasías, mitos, leyendas y todas éstas, al menos auspiciadas por el maestro de maestros de maestros E. Morin. De lo contrario no podríamos hablar de tales acrobacias mentales. 

La utopía, lo utópico es no sólo verdadera sino necesaria para y como alimento de los seres humanos, dentro de sus aspectos mentales y físicos, entre otros. Y es eso justamente lo que el ser humano impide a sus hermanos para la localización final de la felicidad, mediante una previa ordenación de los aspectos y canales de las vidas ordinarias, previo a todo esto los esquemas de el anhelo de vivir y salir del sistema, entrando entonces al sistema binario de uno mismo, en soledad, uno con el altísimo, donde un tercero no es más que un cuarto o más aún. 

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